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sábado, 13 de octubre de 2018

Un poema de Susana Villalba

Polaroid by Andrei Tarkovsky from the book Instant Light






El perro


hice de mí un lugar
como la arena 
en la idea del mar

no soy un pájaro



acorralado por la orilla
del cielo
y la oscuridad
de su fondo

mi deseo no es mío
ni externo

es mi cordón umbilical
con el mundo

cuando tira
del ovillo de mi cuerpo
me ordena

entonces necesito ser
hasta un punto

soy lo que está
donde estoy

no soy un árbol

pleno de frutas
las suelta
espléndido de flores
desprende una fiesta
de su pérdida

la raíz del universo
es la dispersión



si pudieran ver la música
es un árbol
agitado por el viento

el árbol es paciencia
tomando cuerpo
hacia el vacío
va
sin miedo
sin apuro

la palabra llegar
no existe hacia arriba



salto
mordiendo el viento
juego
a que juega conmigo

el viento pasa
para que el árbol conozca
el movimiento

el árbol suena
para que el viento 
se conozca

el mundo da vueltas
y vueltas
queriendo morder la cola
del viento

abrazo al árbol
con mi olor

le aúllo al viento

con el mundo
no sé qué hacer



entre el aire y la forma
no soy un pájaro

no sé si estoy arriba
de la tierra, abajo
del cielo, más acá
de mí




porque el vacío
abierto me acongoja
no soy un pájaro

aúllo
hasta que la noche
es otra soledad
y me acompaña



un largo rato
estuve oliendo
una semilla

hasta que comprendí:
adentro tiene un árbol
entero



salto
salto
salto

porque no soy un pájaro



escarbo

escarbo y salto
y giro

mis movimientos
tuvieron sentido
alguna vez

corro
a unas palomas
y se alejan apenas

no creen en mí
ni yo
en ellas



salto
salto
salto

luego existo








---

del libro "La bestia ser" (Hilos editora - 2018)










*



















lunes, 13 de febrero de 2017

Un poema de Susana Villalba

©  Kristamas Klousch












La occisa




Si pudiera volver
la cabeza.
Los ojos, sí
los ojos permanecen
pero yo permanezco
inmóvil
como siempre y sin embargo
ya no importa.
Existe un paraíso
del cuerpo
prometían los ojos,
infierno de saliva
arrasando palabras,
pensamiento, ser
desde adentro
hacia afuera un fuego
líquido y afuera
sólo tacto
de mí.
Y ahora que la bala penetra
una real calcinación,
me atraviesa: esa mirada
es una trampa
y ya no importa,
fluye,
el deseo es un río,
le dije,
no detengas su curso.
Todo es líquido,
el aire como bruma pegajosa
en la garganta,
los sonidos,
no veo, me derramo
hacia adentro,
agua estancada
lo que fue pólvora viva,
volumen sanguíneo en las vísceras
conscientes ahora de sus ritmos
ralentados,
humores venenosos del alma
que también es un cuerpo
eléctrico.
Un fluido
que al mirar capturaba en un punto
de impacto.
Nunca fui el cazador
siendo rapaz como el deseo
es como el viento
que no sabe qué arrastra,
qué doblega,
por qué aleja al acercarse,
por qué le da una dirección
lo que resiste.
Algo, una baba,
una pluma venida del espacio
toma forma,
toma desde dentro
un cuerpo que pueda tomar cuerpos,
una ciudad de poseídos.
El verdadero horror
en las películas
es que siempre comienza
la misma situación,
cuando cierra la puerta
y suspira
se rompe la ventana
y vuelve a correr.
Sólo hay dos en esa cinta
de Moebius
y ya no sabe quién perseguía
a quién.
No importa,
ya no puedo moverme
y hemos vencido
los dos.
Hemos perdido
lo áspero,
los vientres pegados de sudor,
la radio,
una lámpara en invierno,
acariciar los libros,
las manos se deshacen como papel viejo,
he perdido
la textura de tu espalda,
el árbol,
cicatrices.
Sin embargo siento el agua
alrededor,
me estoy hundiendo
suavemente.
Acaso imagino una lluvia
que no llega a mi oído,
no es que caigo, voy perdiendo
sentido.
Ya no veré el acero,
el mar ni una estación de tren
abandonada.
Me condenaste al tedio,
a la nostalgia monocorde
por alguien que no está:
mi propio cuerpo.
Solitaria
eternamente sabiéndome
invisible
aun para mí misma.
No importa,
ya no puedo pensar
ni imaginar lo que no sé
cómo será
y cuando suceda, como siempre,
ya no tendrá importancia
entender.
Es un río,
dejémonos llevar,
le dije,
a donde sea.
Fue un error, como un viento
diciendo soy un viento,
un giro repentino
de nosotros.
La oscuridad como una piedra
me toma desde dentro,
mi cuerpo es la sombra
de una piedra
y todavía tiembla
un centro
como lava,
una bala que busca salida
y ya no importa,
interesada en el esófago,
un reguero,
una película en que todo estalla
es una bella imagen
que ya no podré ver.
Instantes de oro
y años de polvo
será, como la vida,
la muerte.
Dónde está la luz
cuando se apaga.
Voraz como el deseo
como el fuego no quiere devorar
sino encenderse,
nunca fui el cazador.
Pero que sea yo la víctima
también es un error
o un accidente.
Si desperté pasión
no tuve el mérito del cálculo,
si arrebaté lo ajeno
no tuve el usufructo,
si fui el testigo no supe
con lo visto
más que dar testimonio.
Quizá como el amor, la muerte
como la vida
no sea para siempre.
Será una travesía,
si miro hacia atrás
sus ojos
podrían retenerme.
Sin embargo dispara
contra el viento
como un ciego.
Un individuo en posición
decúbito,
aspecto de masa
cenicienta,
alojada en el canal
la bala ahora es lo que queda
vivo
y este fluir del pensamiento
acaso será siempre
una cámara lenta del disparo.
Un trueno primero,
después el relámpago
reabsorben en una sensación
fulminante de silencio.
También hay una muerte espléndida
que tampoco me tocará en suerte.   
No importa.
















*