domingo, 23 de abril de 2017

las habitantes I

Colección Fotos antiguas Tenerife en Pedri Pérez







las mujeres 
golpean 
en la cocina, golpean 
la carne
para tiernizarla, golpean
la carne, con un martillo 
de madera, dentado
golpean, golpean 
………  y  
hay 
un ritmo, un ritmo visceral
cae
por la carne, cae
y con el brazo, antebrazo, la mano 
la mano engarfiada
dejan, dejan
golpes, mirada 
sin fin
sobre carne, música
dejan
de nada en nada, re-
parten: 
golpes, yerbas  
en un mortero de piedra 
las mujeres, carne y fuego
del exterior al centro
dejan 
se dejan
van
lejos, van
lejos
hasta lo oscuro de cada Ella
golpean, van 
van un silencio
…… y
golpes dan
golpes
maceraciones
carne, aromada
de monte











*









jueves, 20 de abril de 2017

poemas de Olvido García Valdés

 Zemlyá (1930) by Aleksandr Dovzhenko










III. Instancias subjuntivas



*
Transmuta en campos y hermosura
lo que no se expresa, mira
las mieses, nota el viento, siente
la luz, respira la médula
del mundo, rehaz lo podre
en enjambre y avanza, escucha
su zumbido, toma miel. Di
nombres compañeros, invoca
compañeras. No cejes. Girasoles
y cuervos velan tu corazón. Ablanda
el entrecejo, nutre lo magro. Dispón
vigas de cedro y tablazones
de haya, apacienta entre lirios, mas no olvides
que ira hay en la sabiduría, resplandor
de candela. Llama, di
al viento: ven viento, limpia
esos cielos. Reposa en él los ojos.


*
como el día sale de la noche,
la despierta su sangre cuando el tiempo
se despierta a sí mismo: oh, tierra amada
cabeza, dice, te beso y no busco
tu boca porque ahora está en todas partes,
como sombras
los olivos salen en el alba


*
lo espera tras la puerta, el pelo
corto, a oscuras, brazos
del cuerpo separados, aguarda
su llegada tras el cristal y corre
hacia la puerta cuando lo ve venir,
quieta espera a que la abra, casi
le asusta, era broma, dice,
hace un tiempo que no evita esos gestos,
se desliza como huyen las letras, mira
con allanada expresión pero percibe
cómo se escapa, querría
poder hundir el rostro en él

¿somos formas cerradas o vivimos
sueltos e intentan
los ojos sujetarse? ¿somos presos
atados a estos hilos? el delantal
bordado de arabescos y flores
lo sostiene (hundir el rostro 
en él), luego él intenta sostenerla,
abrazarla mientras se desliza


*
El mundo ya no habla. Como pueblos
de abandonadas minas, la memoria; como chabolas
próximas a cercas. Forman red
los olivos y circula
el tractor entre ellos. Hace falta
dulzura para ser. ¿Se desatan
los nudos? Todo es ahora plano,
tiene blandos los ojos y manchas
en la piel. Hay muertos diminutos,
una escala de ángeles que alertan
al durmiente, y el pozo, las arcadas,
los jazmines. Duele de no sentir.

El alma es por la muerte y de la muerte,
pequeño ser que oficia
desde la imprecación. La parca
del pasado lo advertía: cuerpo,
aquí comienza
otro ciclo, eres tú y eres nada.

Afectos de la memoria, húmedo
verde limón, azuladas
hortensias. Y la oscura figura:
la mano de los anillos y la mano
quemada son ya la misma mano, arenques 
con su luz. ¿Cómo arraiga el olivo? Quieto
fulgor, mira la arena negra.



















*











viernes, 14 de abril de 2017

Durero, melancolía y espíritus.


Melancholia (2011) by  Lars von Trier








Adondequiera que se dirija la asidua intención del alma, allí afluyen también los espíritus, que son el vehículo o los instrumentos del alma. Los espíritus son producidos en el corazón con la parte más sutil de la sangre. El alma del amante es arrastrada hacia la imagen del amado inscrita en la fantasía y hacia el amado mismo. Allá son atraídos también los espíritus y, en su vuelo obsesivo, se agotan. Por eso es necesario un constante reabastecimiento de sangre pura para recrear los espíritus consumidos, allí donde las partículas más delicadas y más transparentes de la sangre exhalan cada día para regenerar los espíritus. A causa de esto la sangre pura y clara se diluye y ya no queda más que sangre impura, espesa, árida y negra. Entonces el cuerpo se deseca y caduca, y los amantes se vuelven melancólicos. Es de hecho una sangre seca, espesa y negra la que produce la melancolía o bilis negra, que llena la cabeza con sus vapores, seca el cerebro y oprime sin descanso, día y noche, el alma con tétricas y espantosas visiones... Es por haber observado este fenómeno por lo que los médicos de la antigüedad afirmaron que el amor es una pasión cercana al morbo melancólico. El médico Rasis prescribe así, para curarse de él, el coito, el ayuno, la embriaguez, la marcha... [1]

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[1] M. FlCINO, De amore, ed. crítica al cuidado de R. Marcel, París, 1956, VI, 9.


Extraído de 
Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental.
de Giorgio Agamben.










Melancolía (grabado // 1514) Alberto Durero















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lunes, 10 de abril de 2017

algunos de "Sea un arma" de Ismael Velázquez Juárez

















El meme como poesía visual contemporánea.





"Un meme es una unidad cultural de transmisión de información. Una imagen, una frase, una representación son formas de memes que compartimos entre sujetos a través de medios, espacio y tiempo; un meme, como género de producción cultural, es una forma superior reconocible por una comunidad, algo semejante a los géneros literarios. Las piezas que integran Sea un arma son variaciones de una forma memética, las imágenes motivacionales. Todos hemos visto alguna vez este tipo de memes."

Roberto Cruz Arzabal






*








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miércoles, 5 de abril de 2017

otro poema de Julieta Valero

Ashen morning I  ©  Robert and Shana ParkeHarrison






Deseo



I
Transcurso.





Provienes de una raíz de ausencias, de un último verano de ausencias

y eres suma de tristeza común como hueso.

Tienes la materia de los astros, de aquello tan grande y mineral tan puro que han de pesarlo niños desaparecidos. 

Por eso tu efecto es devastador al modo de los pájaros.

Ay de mí que asomé sonriendo por todo lo minúsculo.


*

El deseo te dio alcance por la espalda mientras tú hacías ver que eran las palabras las que abrían tu cuerpo.

*

Yo leería tu cuerpo bajo una luz de bondad de no llevar estas sandalias pesadas de circunstancia.

Te pienso porque sufres de un mal que conocí y porque distingo en ti la belleza  que sucede a todo lo ulceroso.

Yo también fui tan alta.

En los Heridos Graves hay una belleza redonda hasta hacerme llorar. 
Tratáis a la vida de un tú neonato y vuestra piel es continua ante las horas.

Tu dolor es el espectáculo donde pueden verse más desnudos y más sangre blanca. A tu lado es fácil ser bíblica y beneficiosa. 

A tu lado pernocto en mis conclusiones, en todo cuanto acerca a la evidencia de las higueras.

*

No podemos tocarnos pero los insectos están en contacto con las sagradas escrituras y con lo que dicta ese vientre.

Cantar de los Cantares vivo en tu boca. Nadie me alimenta y en las  noches al raso me pregunto acerca de una huida hacia las tierras prohibidas. 

Tu garganta, tu hígado, los vapores que se desencadenen en torno a nuestras cinturas me aterran.

Pero sólo puede haber victoria en el suicidio. 

Los grabados antiguos muestran príncipes victoriosos y siempre se ve sangre.

Eres una deflagración; no debo tocarte y sin embargo vivo en tu boca y trabajo en tu recuerdo.

*

Nos encontramos en la heráldica de todo lo que no puede existir; ése es nuestro pan.

Si te besara ya estaría besando menos; me crecería una carta de navegación en la mano.

Y no debo encontrarte; he perdido todo lo que rodeé con mis pasos. Ahora sólo me aplico en la cábala de andenes y estaciones.

Pero yo también fui tan alta.

*

Tu amor, tu amor de médula y salas cerradas. 

Tus ojos de ósea tristeza, tu mano de noble camino del cadalso.

Pero nadie puede hacerte reír los ojos. 

Fracasaron juglares sin hambre llegados de muy lejos.

Nada pudo el polvo de la ironía extendido por las calles.

Tus ojos, tus ojos, emblema de desgracias que acaso ignores.

Tu amor de patio prolongado en las caderas, en la soledad.

*

Si te besara retrocedería en el conocimiento de tu saliva, de los grados en que habita esa carne roja.

Y no quiero que te integres en el género de los mercados.

Hay especies innombradas, intocadas, insepultas.

No quiero que existas, Tierra a dos, transcurso, agua subterránea.

No quiero, es verdad lo que digo.

*

Pero estás vigente, mi embarazo de bellezas diminutas:

Y no tienes vergüenza ni límites en tu expansión parábola de renuncia,

rebosas los muros, la hidra, todo impedimento; golpeas cuanto construyo.

Cubres mi cuerpo con tu piel, tu monarquía.

Nunca debí abrirte la puerta.

Nunca debí pensar que ya tenía una casa, un corcel.

*

La tienes. 

Es su olor aún más amplio de lo que imaginaban tus arterias.

Se ha instaurado la esperanza como punta de ola, susurro de otra orografía; suma de ramas de a saber qué selva.

¿Coincide ahora el espacio que regla tu mirada con aquello que humedece tu aliento?

¿El aliento que entona tu boca con el que gritan tus más tímidos cabellos?

*

Te he herido. Te he herido, no escondas la sangre —algo aprendí del hermano lobo—, puedo oler las fallas, la carne que se abre sonriendo, te he herido.

Te he infligido no sé qué sustancia, bocado o paisaje.

No de muerte, no de otra ciudad, otra vida pero estás sangrando.

Y en mi rostro la sorpresa del homicida adolescente.

Es tu dolor, sus señales que crecen en cuanto pozos y en cuanto ángel caído al reino más animal los habito y decoro: mi antojo de artes primitivas.

Mírate la línea que hermana vientre y consentimiento. Hay un latido, un aviso, hay muebles en desorden.

"¡Pero cómo, quién, por dónde este agua y su ausencia de ruido!"

Yo te dije. Yo me presenté al grito que se exhala ante la belleza.

Con insignias, con pavor, con armas en la mano.





II
Memoria.






El otoño es una promesa de sucesos y barcos, una Jerusalén de noches dislocadas.

Tiene carreteras solitarias como muslos y una luz que invita a la ferocidad y a creer en la belleza de rectas y precipicios.

Es mentira su sinfonía de pérdidas verticales, el acuerdo general para el llanto.

En verdad se reconoce a octubre por la máscara veneciana y el sexo frotándose las manos.

Te hice el amor en cada instante despoblado de cuerdas y deber.

Te hice el amor en cada ocio y cuando no lo tuve te hice el amor en atascos y rutinas, por calles en las que, inmóvil, corría tras la súbita herida en el pecho, tras el desmayo.
Te hice el amor cuanto monte soy capaz y fue mi frente un universo que dejaba al Pacífico en relatos de ciclos sencillos, de agua y cantidad.

Hice cuanto pude por arruinarme. 

El deseo es un hueso al que nadie puso nombre. 

*

Cuando encontraba una ruta (de las que confieren cien años más de vida), la frecuentaba hasta ser reprendida por los ángeles, de una parte, y por expertos criadores de mapas y arrojo, de otro mar.

Eran mis maestros y querían que frecuentara los caminos descubiertos por civilizaciones antiguas.

El objeto de mis viajes era multiplicar el aire de aquel otoño.

El objeto de mis viajes era encontrar el espejo que detiene al hombre y su triste proliferación de células.

No. Mi aventura consistía en retroceder y encaramarme a la cima de mi alma; allá los años veinte cuando amar devenía en unidad y desayuno.


Porque yo también fui tan alta...

Pero no. En verdad partía para salvar la vida.

El deseo es un órgano vital, como el arpa en las batallas. 


















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viernes, 31 de marzo de 2017

fragmento de "La escritura del desastre" de Maurice Blanchot

© Masamichi Kagaya









Si el desastre significa estar separado de la estrella (el ocaso que señala el extravío cuando se interrumpió la relación con el albur de arriba), asimismo indica la caída bajo la necesidad desastrosa. ¿Será la ley el desastre, la ley suprema o extrema, lo excesivo no codificable de la ley: aquello a que estamos destinados sin que nos concierna? El desastre no nos contempla, es lo ilimitado sin contemplación, lo que no cabe medir en términos de fracaso ni como pérdida pura y simple.
Nada le basta al desastre; lo cual quiere decir que, así como no le conviene la destrucción en su pureza de ruina, tampoco puede marcar sus límites la idea de totalidad: todas las cosas afectadas o destruidas, los dioses y los hombres devueltos a la ausencia, la nada en lugar de todo, es demasiado y demasiado poco. El desastre no es mayúsculo, tal vez hace vana la muerte; no se superpone, aunque lo supla, al intervalo de morir. A veces el morir nos da (sin razón probablemente) el sentimiento de que, si muriésemos, escaparíamos del desastre, y no el de entregarnos a él por eso la ilusión de que el suicidio libera (pero la conciencia de la ilusión no disipa la ilusión, no nos aparta de ella) El desastre, cuyo color negro habría que atenuar  reforzándolo, nos expone a cierta idea de la pasividad. Somos pasivos respecto del desastre, pero quizás el desastre sea la pasividad y, como tal, pasado y siempre pasado. 

El desastre cuida de todo.

















*